:: TIENDA :: :: REVISTA :: :: EDITORIAL :: :: FOROS :: :: BLOG ::  
Buscar en la revista   
Contenidos
Editorial
Medias Tintas
Tras la Pantalla
La Tira de NSR
Taller de Pruebas
Juegos Destripados
Freak Quiz
¡Qué Friki es el Cine!
Viñetas
Tercer Grado
Ciencia y Ficción
Casus Belli
Casus Belli
Ayuda de Juego
Ayuda de Juego
Ayuda de Juego
Módulo
Buceando en la Red
Números anteriores
Patrocinadores
Últimas noticias
V Años de revista NSR y gran final
Bakemono ya a la venta
Actualizando que es gerundio...
NSR 61 Especial Indiana Jones
Cambios en la tienda de NSR
Blog sobre cyberpunk y cybernet
NSR 60 Especial Roma
NSR en Tierras Baldías
Se infiltran en el blog de Pedro J. Ramos
NSR 59 Especial catástrofes
 
Los Comuneros (y II)
Por Juan Pablo Menchén
Este Casus belli continúa el del número pasado ahondando en la Rebelión de las Comunidades que acaeció en Castilla a principios del siglo XVI contra el regente Don Carlos y sus deseos imperialistas y que constituye quizás una de las primeras rebeliones populares para crear un gobierno más democrático.

Que Libertad Concedida, No Es Libertad Sino Fuero...

Todas las leyes que la Santa Junta del Reino aprobó en Tordesillas, se pusieron por escrito en una Carta de Hermandad, en la que la Junta se instituía como depositaria de la soberanía y por tanto exigía de todas las ciudades, villas y parroquias que jurasen cumplir las leyes que en representación de todos habían acordado los junteros.

La Llama Comunera Prende En El Campo

Una vez la Junta tenía el apoyo de la Reina Juana, (aunque se negó a firmar ningún documento), unas leyes escritas, y un ejército que la defendiera contra los pocos soldados que conservaba el cardenal Adriano bajo su mando, los elementos más moderados dentro del movimiento comunero, creyeron llegado el momento, de negociar con lo que quedaba del Consejo Real, desde una posición de fuerza. Éstos elementos estaban asustados por el giro radical que el movimiento empezó a cobrar en un entorno hasta el que ahora no había llegado: el campo.
El 1 de Septiembre de 1520, los vasallos del Conde de Buendía, se rebelaron contra el yugo de su señor en la villa palentina de Dueñas. Tanto el Conde cómo los campesinos rebeldes, acudieron a la Junta, (que aún residía en Ávila), como mediadora. La Junta, pese a las reticencias de los más moderados, tenía más en común con los campesinos que con los nobles, y decide apoyar a los primeros. Éste apoyo a la rebelión de Dueñas, prendió la mecha en muchas villas vecinas de la comarca de la Tierra de Campos, que como Dueñas, exigían por las armas volver a ser de la jurisdicción real, lo que equivalía, en el otoño de 1520, a entrar en Comunidad, sacudiéndose el yugo de la jurisdicción nobiliar, a la que algún Rey anterior había accedido a cambio de dinero.

Comuneros Y Caballeros

Así las cosas, los dos bandos que al final se enfrentarán con las armas se van perfilando.
De un lado a los Comuneros de las ciudades, se les han sumado, los Comuneros de las villas y los campos.
Por otro lado los moderados dentro de la Junta se asustan, así como los Grandes, que hasta la fecha simpatizaban muy de lejos con las Comunidades o eran indiferentes. Muchos de ellos estaban resentidos con el Rey, ya que les mantenía alejados de los puestos más lucrativos y prestigiosos de la Corte; pero algo muy distinto era que ésos simpáticos Comuneros que ponían al Rey en un aprieto fueran ahora a sublevar a los campesinos que les daban de comer y mucho más, con lo cual empiezan a simpatizar con la causa del Rey.
Adriano, que no era ningún tonto, ve la ocasión de implicar a los nobles, sus haciendas, su dinero y sus soldados en un conflicto que se le va de las manos por momentos.

Adriano, En Adelante, Se Apoyará En La Nobleza

La decisión de Adriano, de implicar a la nobleza contra los comuneros, se materializó, en reiteradas peticiones a Don Carlos, para nombrar a unos corregentes o gobernadores o virreyes, Grandes de Castilla, para motivarles a emplear sus recursos contra la Junta.
Ésta opción, no sólo era una jugada estratégica del Cardenal holandés, para inclinar la balanza a su favor: era una medida desesperada, ya que el ejército del Consejo Real, había sido licenciado, y lo más grave de todo, la Junta cobraba los impuestos como legítima representante del Reino, dejando harto ayuno de dineros al Cardenal, y como resume la célebre sentencia: “El dinero es el nervio de la guerra”.
Don Carlos al fin accedió, pues era reacio a delegar el poder en los castellanos, para él extraños, y más siendo éstos Grandes.
El 9 de Septiembre de 1520, nombra Don Carlos a los Gobernadores, haciendo uno de gobernador bueno y otro de gobernador malo, literalmente en las instrucciones a Adriano:
“...el Almirante Fadrique se valdrá de su paciencia y el Condestable Velasco, usará de intransigencia...”.
Los nombramientos no eran azarosos, ya que había nombrado, no a los nobles más poderosos de Castilla: los Duques del Infantado, de Alba, de Medina Sidonia, etc.., que por otra parte tenían sus feudos relativamente alejados de la zona de conflicto: Andalucía, Extremadura, La Alcarria, etc. Había nombrado a los nobles que tenían los títulos militares tradicionales, que los significaban como cabezas de los ejércitos reales.
El Condestable Velasco, pertenecía a una de las familias más antiguas de Castilla, teniendo su feudo entre Burgos y Palencia, precisamente en la revuelta Tierra de Campos. Además el título de Condestable, era una designación bajorromana, del líder de los Comites o Condes, y por tanto el jefe de las fuerzas de caballería e infantería del Rey.
El Almirante Fadrique, tenía su feudo cerca de Valladolid, en la ciudad de Medina de Rioseco, por tanto , una zona susceptible de contagiarse de la fiebre comunera. El título de Almirante, palabra árabe que designaba al jefe de la poderosa flota de guerra Andalusí, y que los castellanos asimilaron en el siglo XIV, era honorífico, ya que el Almirante de Castilla, título hereditario como el de Condestable, tenía su feudo y residía a cientos de kilómetros de la costa más cercana.
En todo caso la tradición los señalaba como los más indicados por su título, y lo más importante, ambos podían perder sus ricos feudos a manos de Padilla y los suyos, lo cual les espolearía a gastar el dinero para levantar los ejércitos que Adriano necesitaba. Aunque el holandés también recurrió a los préstamos del Marqués de Villena y del Rey de Portugal.
Una vez reunidos los recursos necesarios, Adriano se ve capaz de acabar con las Comunidades de una vez por todas, y el 31 de Octubre de 1520, declara la Guerra a la Junta..
Ya no hay vuelta atrás, Castilla ganará su libertad o su perdición en el campo de batalla...

¡Ya Pueden Los Comuneros Preparase A La Contienda!

Mientras en el bando Imperial, (Don Carlos es coronado Kaiser el 23 de Octubre de 1520), se aprestan para la guerra, en el bando Comunero, hay disensiones. Los más moderados envían una embajada a Bruselas para presentar a Don Carlos sus quejas, pensando que éste entrará en razón, mas cuando los castellanos estaban entrando en Flandes, un mensajero de Don Carlos les aguardaba con las razones del Rey, que éste expuso a Sancho Sánchez y Fray Pablo, embajadores de la Junta:
“-Si de Bruselas pasárais, caro os saldría el intento, que la soga con que ahorcaros, preparada la tenemos, no profanen ésta tierra, castellanos comuneros...”
A lo que Fray Pablo y Sancho Sánchez, sin arredrase contestaron:
“-Decid a aquél que os envía, que de aquí no pasaremos, más por honrar nuestra Junta, que por temor de lo dispuesto, de Bruselas no pasamos, regresa en paz mensajero, si al Escalda no llegamos, otros no lleguen al Duero...”, corría el 20 de Octubre, para cuando los embajadores llegaran a Castilla, ya haría tiempo que Adriano habría declarado la guerra a la Junta.
Mientras todo esto acontecía, en Tordesillas, las sesiones de la Junta, empiezan a ser conflictivas, ya que los procuradores de Burgos, de por sí más que moderados, están recibiendo noticias de su ciudad, en la que el Condestable, está convenciendo a los ricos mercaderes de lana para tomar el poder que se dejaron arrebatar en el verano por los menstrales de la ciudad, con falsas promesas, y también con argumentos para convencer a los tibios: el Rey ya ha concedido lo que se le pedía, pues ha nombrado dos gobernadores castellanos, ha renunciado a sus excesos fiscales (no le queda otro remedio ya que es la Junta la perceptora de los impuestos), y con su título de Kaiser, puede conseguir una influencia en Alemania nada desdeñable para los negocios.
Éstas dudas en lo político, afectan ala plano militar, pues el hasta ahora indiscutido caudillo militar de las Comunidades, Juan de Padilla, se enfrenta con otro regidor toledano, que aunque le acompañó en los primeros días de la Revolución, ahora recula y acabará pasando a los imperiales junto con su hermano; hablamos de Don Pedro Lasso de la Vega, y de su hermano el conocido poeta Garcí Lasso de la Vega o Garcilaso de la Vega. Fruto de éstas divergencias, la Junta nombra como caudillo militar del Ejército Comunero a un Grande de Castilla, Don Pedro Girón, que sólo milita en el movimiento por resentimiento a Don Carlos, que no le concedió las mercedes que le solicitaba. Juan de Padilla, decepcionado, cruza la Sierra con las tropas toledanas, para extender la Revolución por La Mancha...

Si Al Pueblo Lo Dimos Todo, Es Del Pueblo La Respuesta...

El Almirante Fadrique, intentó descabezar el movimiento, atrayendo a Padilla y a su esposa, Doña María de Pacheco, (que era hija del Conde de Tendilla: alcaide de la Alhambra de Granada, y gobernador del Reino homónimo, y nieta del Marqués de Villena, mano derecha de los Reyes Católicos). Envió pues a Don Alonso de Quiñones, para convencer a la dama de pasar a la causa del Rey, junto con su marido:
“...En nombre del Almirante, vengo a haceros una oferta, que a Don Juan mucho le admira, por conocer su entereza, y también a vos admira, como a dama muy señera.A gentes de tal linaje, nunca el Reino las perdiera, sobrado no está de brazos, ni sobrado de cabezas. Olvidaos del pasado, que el futuro comprometa, así como el Rey olvidara, si abandonárais la guerra...”
A lo que Doña María contestó:
“...Don Alonso de Quiñones, por ahí tenéis la puerta, no volváis a presentaos con semejantes ofertas. Mi esposo y yo, todo dimos a la causa comunera, si al pueblo lo dimos todo, del pueblo es la respuesta. De llegar a preguntarle, de seguro respondiera, arrojándoos al Tajo, camino de Talavera...”

Burgos Se Rinde

Las gestiones del Condestable, obtiene su fruto y los mercaderes de Burgos, le abren las pueras de la ciudad, el 1 de Noviembre de 1520, en la que entra a sangre y fuego contra los comuneros de la ciudad que son presos y ejecutados, al tiempo que los procuradores de Burgos, abandonan la Junta en Tordesillas.

Muy Pronto En Valladolid, De Lo De Burgos Se Habla...

Los dos eslabones más débiles de la cadena comunera eran Burgos y Valladolid. En la primera, los mercaderes lograron imponerse y traicionar al pueblo burgalés. En Valladolid, el movimiento Comunero estaba liderado por el Infante de Granada, descendiente del último rey moro de Al- Ándalus, Boabdil de Granada, cuyo hijo quedó en Castilla como rehén de los Reyes Católicos. Como Infante que era, no era una garantía como comunero, y los sctores moderados pucelanos, así como el Regente y los Gobernadores, el animaban a seguir el ejemplo de Burgos, y vender la ciudad a los Imperiales. El problema era que los procuradores vallisoletanos en Tordesillas, eran auténticos revolucionarios y apoyaban a la Junta en todo. El infante trató de destituir al más radical, el frenero Alonso de Vera, a lo que el pueblo pucelano se opuso, apoyado por la Junta señalando que para tomar cualquier decisión importante había de consultarse a a la Comunidad, es decir, al pueblo. Los vecinos enfurecidos, expulsaron al Infante y a los suyos de la ciudad, que hubieron de huir como el Consejo Real a Medina de Rioseco, junto al Almirante y a los nobles que ya iban concentrando allí sus tropas contra los Comuneros. Quedó así Valladolid en poder de los Comuneros verdaderos. Las cosas pues se aclaran, los Comuneros pierden a Burgos, pero ganan a una radicalizada Valladolid, para la causa, aunque aúna ha de depurarse el Ejército...

En Villabrájima, Acampa Girón Con Todas Sus Fuerzas...

Militarmente, el Ejército Comunero, dirigido por un Grande, sigue con medias tintas, no decidido a acabar con la concentración de tropas imperiales en Medina de Rioseco, se conforma con vigilarse desde lejos. Los imperiales, conscientes de que han de esperar aún para asestar un golpe definitivo a la Junta, debido a no contar aún con tropas suficientes para ello, se prestan gustosos a jugar al ratón y al gato, conscientes de que el tiempo corre a su favor. Para los Comuneros, en cambio el tiempo corre en contra, ya que están perdiendo la oportunidad de rematar al enemigo cuando aún es tiempo, objetivo, por otro lado muy lejos de la mente de Don Pedro Girón, que sólo busca presionar al Cardenal usando al Ejército Comunero como baza, para obtener del Rey lo que ansía: un buen feudo con una buena renta.
Acampa pues en Villabrájima, a medio camino entre Tordesillas y Medina de Rioseco. Allí recibe con descaro a Fray Alonso de Guevara, emisario del Almirante, hasta siete veces, prometiéndole en nombre del Rey el Condado de Ureña, y una gran suma de dineros a cambio de alejar a los tropas comuneras del camino a Tordesillas y poder así los imperiales capturar a la Junta y poner a buen recaudo a la Reina Juana I. El obispo Acuña, lugarteniente de Girón pero ferviente comunero, expulsa el mismo a Fray Alonso de Guevara del campamento comunero, y teme lo peor de Girón, pero no puede hacer nada sin la aprobación de la Junta que está ignorante de lo que ocurre en Tordesillas, eso sí, protegido por el batallón de sacerdotes soldados de la Diócesis de Zamora, que Acuña ha entrenado como a soldados porfesionales y que velan por la seguridad de la Junta y la Reina.
Girón consiguió al final su objetivo, y con la excusa de tomar la villa zamorana de Villalpando, en poder de los reales, ordena marchar a Poniente al Ejército, dejando el camino de Tordesillas expedito a los imperiales. Villalpando cae sin combatir, y las tropas comuneras, quedan allí estacionadas, corre el 3 de Diciembre de 1520.

La Batalla De Tordesillas

El Obispo Acuña ve clara la jugada y acude en ayuda de Tordesillas, pero es ya tarde. El 5 de Diciembre el ejército real después de un durísimo combate, logra tomar la ciudad, capturar a una parte de los Junteros, (el resto huye a la cercana Valladolid) y hacerse con la Reina Juana I. Eso sí la tropa de clérigos zamoranos estorbaron durante más de cinco horas a un ejército profesional muy superior en número, y ni uno solo se rindió, muriendo todos antes que vender a la Junta y a la Reina, entonces comenzó la masacre de vecinos por haber alojado a la Junta. Don Pedro Girón, mientras tanto desapareció misteriosamente de Villalpando, lo que indignó a los comuneros de toda Castilla, los cuales, derrota tras derrota, cada vez ganaban más en cohesión, pero el tiempo se les acaba...

La Santa Junta Del Reino En Valladolid

Acuña, tras la traición de Girón llega a la orilla del Duero con el Ejército al completo para disolver a los nobles que se dirigían a Valladolid, obligándoles a volver a Medina de Rioseco. Entra Acuña en Pucela cabalgando con la espada desnuda y es aclamado por la población. La Junta, reunida en el convento de San Pablo, decide nombrar caudillo militar a Don Pedro Lasso de la Vega, contra lo que el pueblo protesta, estamos a 10 de Diciembre.
Enterado de la pérdida de Tordesillas, Padilla que ha estado reclutando un nuevo ejército en tierras manchegas, parte hacia Valladolid, adonde llega el 31 de Diciembre, al frente de 2000 toledanos. El pueblo enloquece de alegría al ver llegar al que es su jefe sin que nadie le haya nombrado, a hombros de los vallisoletanos, que irrumpen en la Sala Capitular de San Pablo con Padilla en volandas, imponen a la Junta al jefe natural de las Comunidades: el pueblo ha hablado, Juan de Padilla, vuelve a estar al frente de sus hombres, junto a Juan Bravo, Francisco Maldonado y Juan de Zapata, que vuelven a unirse como en los días del sitio de Segovia contra los imperiales.

Para Lograr Distinguirse, Hombres De La Misma Tierra...

La guerra civil se recrudece en Castilla, ambos bandos hacen levas en masa. para distinguirse en una época en la que aún falta mucho para que lleguen los uniformes militares, los imperiales se cosen una cruz blanca al pecho, los comuneros llevan una cruz roja como muestra de rebeldía. “¡Santa María y Don Carlos!“ es el grito de guerra de los reales; “¡Santiago y Libertad!” el de los comuneros, a lo que suelen añadir: “¡ Que todas las cruces blancas, rojas de sangre se vuelvan!”
Los comuneros, merced a los sacrificios económicos que el pueblo se impone, logran comprar armas y contratar a una tropa de arcabuceros veteranos , que vuelven de la campaña de la Isla de los Gelves, en Túnez (1519) y que simpatizan con las ideas comuneras, ya que parte de sus compañeros pasaron al bando imperial.

Avanzan Sin Detenerse, Hasta Llegar A Trigueros...

Juntas las mesnadas de Padilla y Acuña, 6000 comuneros, llevan la guerra al feudo del Condestable, en connivencia con los comuneros que han quedado en Burgos, que convienen que si Padilla y su ejército llegan a Burgos el 23 de Enero se sublevarán ellos y les abrirán las puertas, a lo que Padilla va presto, tomando junto con Acuña, Trigueros, Torremormojón y otros lugares del Condestable, que una vez liberados, pasan a regirse en Comunidad.
En Burgos, el Condestable se entera de la conspiración comunera y la ahoga en sangre, empezando por el barbero que la encabeza. Enterada la Junta de todo, ordena dividir el ejército, haciendo regresar a Padilla a Valladolid, para evitar otra Tordesillas, pues los nobles siguen en Medina de Rioseco y encargan a Acuña devastar el feudo del Condestable.
De regreso Padilla, en Fuensaldaña, le llega la noticia de que los junteros flaquean de nuevo, el Nuncio del Papa, propone una paz a los Comuneros, en lo que Padilla ve claro el ardid de ganar tiempo mientras el Consejo levanta hombres en Navarra.

¡A Valladolid Nos Vamos, A Cortar El Desaliento, Que Antes De Vencer A Extraños, Hay Que Vencer Los Nuestros¡

Retorna Padilla a Valladolid y consigue reanimar la Junta luchando por toda la comarca de Pucela, tomando las fortalezas y villas, Mucientes, Puente Duero, Renedo, Cigales..
La Junta de nuevo, como recompensa de nuevo intenta nombrar a Lasso de la Vega más, aunque Padilla y Acuña respetan la decisión de la Junta, el pueblo de nuevo habla:
“¡Sólo a Padilla queremos!”
 
     
 

¿Te ha interesado este artículo? Haz una donación de 2 euros a NSR

 
Núm. 24 Mayo 2005
Versión imprimible
Créditos
Publicación coordinada por: Ángel Paredes, Frank Guerra y Manuel J. Sueiro.
En este número participaron: ricard.ibanez@terra.es, Cheve, Marce Andrade, Ángel Paredes, Dr.Alban, Doctor M, Javier F. Colladón, Javi Santos, Juan Pablo Menchén, Aker, Carmen Currás, Ismael Díaz Sacaluga.
Sitio web diseñado y programado por: Manuel J. Sueiro.
AVISO: NOSOLOROL no se resposabiliza de las opiniones ni comentarios expresados por sus colaboradores, ni necesariamente los suscribe o comparte. Sin embargo, cualquier corrección o puntualización sobre cualquier artículo publicado en NOSOLOROL puede dirigirse a nuestra dirección de correo electrónico.
NOSOLOROL es una revista electrónica dedicada al rol, los comics, el cine y otro ocio relacionado.
Para cualquier duda sugerencia u oferta de colaboración escríbenos.
Producto destacado
Pantalla del Director de Juego de M&M
9,95 €
-70,00%
2,99 €
Disponible
La Segunda Edición de Mutants & Masterminds ya está en castellano, y con ella llega la Pantalla del Director de Juego. Sus cuatro sólidos paneles...
Lista de correo
¿Eres un nosolorolero?
¡Suscríbete a nuestra lista!
e-mail
:: Quiénes somos :: :: Contacto ::