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Los Pilares de la Tierra, un juego con Premio
Por Javier Santos
No todos los juegos ganan premios. Quizá muchos los merezcan, pero no hay para todos. En Alemania se concede el muy prestigioso Spiel des Jahres, que aunque no sea del gusto de todos, es posiblemente el más conocido y un sinónimo de buenas ventas. En España también tenemos premio, sí señor. Se trata del Juego del Año, y aunque nació hace poquito (llevan tres ediciones) se va implantando poco a poco, y quien sabe en qué se convertirá con el paso de los años. En su primera edición en 2005, “Aventureros al tren” de Alan Moon, la versión española del “Ticket to Ride” se llevó el premio. En 2006 el premio se lo llevó “Exploradores”, la versión española de un juego de Knizia para dos, “Lost Cities”. Y este año pasado, 2007, en Diciembre, el premio fue a parar a un juego de nombre más que conocido y atractivo: “Los Pilares de la Tierra”, editado por Devir en España, y obra de Michael Rieneck y Stefan Stadler.

No necesito caja, ya llamo la atención

En las pasadas Surrol07, las jornadas roleras y de juegos de mesa de Córdoba, Reiner Knizia fue la estrella invitada. Dio una charla sobre creación de juegos de mesa, y entre las cosas que dijo, comentó algo acerca de la importancia de un buen diseño de la caja. Según dijo, una portada tiene tres segundos para atraer la atención de alguien. Si este alguien coge la caja, y le da la vuelta, la parte de atrás tiene diez segundos para convencerle de que merece la pena comprarlo…
Bueno, puede haber juegos que lo necesiten, sin duda, pero creo que no es el caso. Los Pilares de la Tierra tiene un nombre tan extraordinariamente conocido, que casi cualquier persona que pase al lado de él puede sentirse atraído. Yo debo ser de los pocos humanos que no hayan leído la novela de Ken Follet… Obviamente, esto en principio, y sobre todo de cara al gran público, favorece al juego. Se me ocurre que algo similar puede ocurrir con los juegos de mesa con licencia del Señor de los Anillos, y cosas así.
Aun así, a pesar de casi no necesitar la caja, obviamente el juego viene con su bonita, y una vez más, gran caja. Es cuadrada, tipo Catán, y dentro cada componente tiene su sitio, pero hay mucho más sitio que componentes. La ilustración es muy atractiva, y desde el primer vistazo evoca el tema.
Los componentes, muy buenos y bonitos. Un tablero, donde se reflejan diferentes localizaciones de la novela, un poco oscuro para mi gusto. Cubitos de madera para representar recursos, hombrecillos de madera para representar recursos humanos, unos peones que representan a los maestros arquitectos (recursos humanos de otra categoría), y bastantes cartas con bonitas ilustraciones y con distintas utilidades. También hay un dado de seis caras, es decir, 1D6 (sin 1 ni 6), y un cilindrito negro de madera. Y una catedral. Sí, el juego incluye unas piezas de madera con las que ir construyendo la catedral. Se usa exclusivamente como marcador de los turnos, por lo que es un costo absolutamente innecesario, pero que hace bonito. Como digo, componentes vistosos, todo muy bonito, y de buena calidad. Las reglas, muy bien explicadas, y largas sólo porque explican con todo detalle el turno de juego, y la resolución de todas las acciones. Las reglas en sí del juego, como suele ocurrir, muy sencillas.

Construyendo una catedral

Como digo, no he leído el libro, pero supongo que el juego pretende reflejar de algún modo la historia que se narra. Cada jugador asume el papel de un maestro constructor de la catedral, y la idea es ser quien más prestigio alcance, siendo el que colabore en la construcción de la manera más eficaz. Para ello, cada jugador dispone de tres maestros arquitectos, doce trabajadores, y hasta cinco artesanos que puede contratar. El tablero muestra diferentes zonas, donde podremos poner a nuestros trabajadores y arquitectos, que conseguirán así recursos, puntos, beneficios… Las cartas forman parte inicialmente de la reserva, y pueden ser adquiridas por los jugadores. Las hay de varios tipos: de recursos, artesanos, de evento, de beneficio…
El juego dura seis rondas, en las cuales la mecánica a seguir se repite de forma totalmente análoga. Sin entrar en muchos detalles, veamos como sería una ronda típica.
En primer lugar, se ofrecen siete cartas de recursos, y dos artesanos. En las cartas de recurso se indica cuantos trabajadores hacen falta para producir un cierto número de cubitos del recurso en cuestión (arena, piedra, madera). En las de artesano, además de indicar la habilidad que este tiene, la pasta que cuesta contratarlo. Y empezamos. El primer jugador (que irá variando a lo largo de la partida), escoge la carta que quiera. Si artesano, pues paga. Si de recurso, coloca sus trabajadores en la zona del tablero correspondiente. Y por turnos, se van cogiendo cartas hasta que todo el mundo pasa.
Pasamos a la segunda fase, en la que entran los arquitectos. Se meten todos en una bolsa, y el que actúa como primer jugador, va sacando arquitectos de modo aleatorio, y lo coloca en el lugar que corresponda del disco de costes del tablero. Este coste es el precio que tiene que pagar el jugador para colocar el arquitecto en la zona del tablero que le venga bien. Ser el primero tiene la ventaja de que lo colocas donde quieras, pero por el contrario, será más caro. El dueño del arquitecto decide si lo pone, o pasa. Si pasa, lo deja en el disco de costes, y posteriormente lo colocará gratis, pero donde pueda, ya que los espacios en el tablero son limitados. Y el coste, baja. De modo que cada vez es más barato, pero potencialmente habrá menos sitios para ponerlos. Siempre se podrán poner en algún sitio, pero no necesariamente donde más nos interesa. De este modo, se van colocando los arquitectos, hasta que todo el mundo termina. Es una fase muy importante, ya que hay que manejar el dinero con cuidado, pues suele ser muy escaso. Las siete monedas que cuesta colocar el primer arquitecto que se saca de la bolsa no son ninguna tontería…
Y tercera fase, resolución. Las zonas del tablero vienen numeradas, y siguiendo el orden, se resuelven todas las posiciones de los arquitectos y los trabajadores. Hay bastantes localizaciones, con todo tipo de elementos a resolver. Desde eventos buenos y malos, los recursos, pagos de impuestos, contratación de artesanos, un mercado de compra y venta de recursos, obtención de ayudas… y la catedral En este punto, tenemos que gestionar los recursos que tenemos y nuestros artesanos, ya que estos hacen uso de los recursos para construir la catedral. Unos necesitan un tipo de recursos, otros necesitan otros recursos, y los hay más o menos habilidosos. De modo que gastando los recursos tan duramente obtenidos, conseguiremos prestigio, que es lo que vale para ganar.
En cada ronda de juego de las seis se ponen en juego cuatro nuevos artesanos, cada vez más habilidosos. Sin embargo, cuestan dinero, y tenemos que respetar el máximo de cinco artesanos contratados. Teniendo además en cuenta que algunos artesanos poco agraciados son imprescindibles para realizar según que cosas, por lo que, muy a nuestro pesar, puede que los necesitemos.
Tras seis rondas, gana el jugador que haya conseguido mayor cantidad de prestigio.

Ken Follet estaría contento

Digo yo. No sé si habrá jugado alguna vez, pero el juego es bueno. Es un juego de gestión de recursos no excesivamente complejo, donde la estrategia es más o menos clara. Es decir, viendo tus artesanos, es fácil ver qué necesitas para conseguir los puntos, y casi siempre vas a poder conseguir en mayor o menor medida esos recursos que necesitas. La clave es esa, conseguirlos en mayor, o menor medida. Y gestionar el dinero. Quedarte sin dinero es muy malo, porque luego no tendrás más remedio que pasar si tus arquitectos salen muy pronto de la bolsa, con lo que las acciones que te interesan, pueden estar ocupadas. En ese sentido, el juego tiene un punto de suerte que puede o no ser del gusto de todos. En cualquier caso, no me da la sensación de que nadie pueda ganar por la suerte que haya tenido.
El punto más débil que le veo al juego es que puede hacerse algo repetitivo si se juega muy a menudo. Y esto, más que de la mecánica, viene del hecho de cómo aparecen los artesanos en el juego. Como hemos dicho, cada ronda se ponen en juego cuatro artesanos, pero no es algo aleatorio, sino que cada ronda tiene sus cuatro artesanos correspondientes. Es decir, en todas las partidas, en la primera ronda, salen los mismos artesanos. En la segunda ronda, siempre salen los artesanos de la segunda ronda. Y así siempre. Y eso puede llegar a ser poco atractivo, sobre todo si juegas mucho o muy seguido.
Pero el juego es francamente divertido. No es un estruja cerebros, y cualquiera puede hacerlo decentemente bien. Además, como los últimos artesanos son los más poderosos, si vamos un poco rezagados pero nos preparamos bien las últimas rondas, pueden hacerse remontadas bastante interesantes. Visualmente es muy atractivo, y supongo que el tema es muy, muy atrayente. Las partidas duran unos 90 minutos, y no existe prácticamente el tiempo muerto, ya que siempre hay que estar colocando peones o resolviendo acciones. No sé si calificarlo de juego familiar. A mi entender, está bastante por encima de lo que se acostumbra aquí a pensar cuando se habla de un juego familiar. A pesar de que realmente es sencillo, y de que las reglas repasan punto por punto todo lo que hay que hacer, la visión de un libro de reglas de tantas páginas puede echar para atrás a más de uno. Y el juego en sí, también es “avanzado” respecto a lo que estamos acostumbrados. Lo cual, para mi, es perfecto para el Premio Juego del Año. Si hay que intentar difundir los juegos de mesa, creo que es muy importante que se le conceda a buenos juegos, aunque se salgan de lo más tradicional. Es imposible saber si “Los Pilares de la Tierra” es la mejor elección, pero es una muy buena. Ahora, a disfrutarla.
Los Pilares de la Tierra
Michael Rieneck y Stefan Stadler
Devir
Cerca de 38 euros
 
     
 

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Núm. 57 Febrero 2008
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Créditos
Publicación coordinada por: Ángel Paredes, Frank Guerra y Manuel J. Sueiro.
En este número participaron: Ángel Paredes, Cheve, Jako Conversa, Juan Pablo Menchén, NOSOLOROL Ediciones, Alvaro Prada, Jorge Alonso, Javier Santos, Víctor de la Torre, Servobot (Frank Guerra), Wandrell, Chanin, Ricard Ibáñez, Juanlu Bermúdez “hemp”, José Joaquín Rodríguez, Miguel de Rojas, Alberto Santiago, Jose Carlos, Francisco Agenjo, Jesus Calero Fernandez, Carlos Lozano Martín.
Sitio web diseñado y programado por: Manuel J. Sueiro.
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