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Sólo se vive 22 veces
Por Victor Manuel Torre Iglesias
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| En un especial dedicado a la añorada Joc Internacional me veo obligado a coger el pañuelo y hablaros, entre sollozos, del excelente juego sobre James Bond. Y digo entre sollozos porque de muy pocos juegos de rol guardo tan buenos recuerdos como de este, lo que no deja de ser un pretexto tan válido como cualquier otro para embarcarnos en un viaje marcadamente personal por uno de los grandes iconos cinematográficos de nuestro tiempo.
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|  | | Comienzo este artículo con un aviso para navegantes, y es que con toda seguridad voy a pecar de imparcial, ya que el (muy británico) agente secreto es una de mis principales must cinéfagos, motivo por el cual me considero poseedor de un cierto criterio, conseguido tras repetidos visionados de las películas que componen la serie Bond –de Doctor No (íd. Terence Young, 1962) a Casino Royale (íd. Martin Campbell, 2006)- así como la lectura de diversos estudios, oscilantes entre lo sesudo y lo decididamente friki. En cualquier caso, si algo me permite asegurar este conocimiento sobre el tema, es el escrupuloso respeto al universo ficcional de 007 del que hace gala el juego de rol, que si bien para algunos lleva a que su jugabilidad se resienta (algo en lo que no estoy de acuerdo en absoluto), si permite en cualquier caso vivir adrenalíticas aventuras, rodeado de bellísimas femmes fatale y villanos esquinados, con alguna que otra parada técnica en el casino de turno, of course.
|  | | Y es que todos queremos ser como James Bond, si exceptuamos por supuesto a los epígonos del bloque comunista que andan sobreviviendo a base de ahogar sus penas en Vodka; ese y no otro es el secreto de un personaje que forma parte de nuestro inconsciente colectivo, convertido en un referente universal a pesar de ser más británico que el te de las cinco. De otra manera no se explica que, a pesar de las casi cinco décadas transcurridas desde su aparición en pantalla grande, conserve intacto su poder de convocatoria, a la vista de los cerca de 600 millones de dólares amasados en taquilla por su última encarnación cinematográfica.
|  | | Y ya que estamos, echemos abajo un tópico muy extendido entre los cinéfilos militantes; 007 no comienza y termina con Sean Connery, el excelente actor que dotó al personaje de su imagen arquetípica, configurando uno de los grandes iconos socioculturales de los dorados sesenta. En mi modesta opinión, la serie Bond atesora varios títulos de notable interés en base a diferentes aspectos, ya sea por sus valores intrínsecamente cinematográficos como por los rasgos estilísticos que definen su inequívoca pertenencia a una época determinada (especialmente patente en los títulos protagonizados por el inefable Roger Moore), por lo que paso a reseñar brevemente los films que considero más destacables de cada una de las seis etapas que, por el momento, conforman esta extensa saga.
|  | James Bond contra Goldfinger (Goldfinger. Guy Hamilton, 1964)
|  | La bondmanía arranca con esta magistral película, la tercera protagonizada por el escocés Sean Connery, en la que los rasgos constitutivos del personaje aparecen ya claramente delimitados: Un tipo duro pero elegante, parco en modales a la par que decididamente hedonista, poseedor de un encanto inequívocamente masculino (no exento de un punto misógino) que derrite a todas las féminas, sin olvidar a las que de primeras parecen más interesadas en sus alumnas (la ambigua Pussy Galore que interpreta con soltura Honor Blackman). Por lo demás un espectáculo de primer orden, con un maravilloso Gert Frobe dando cuerpo al megalómano Goldfinger, un buen puñado de frases memorables (“es tan malo como escuchar a los beatles sin taparse los oidos”) y un climax final en la reserva federal de oro de Fort Knox que aún sigue sorprendiendo por su espléndido manejo del tempo cinematográfico.
|  | Al servicio secreto de su majestad (On her majesty secret service. Peter Hunt, 1969)
|  | | La sensación de ser fagocitado por el personaje lleva a Sean Connery al abandono de la serie, sustituido por el modelo australiano George Lazenby en una decisión que, vista hoy en día, resulta a todas luces incomprensible. Su inexpresividad resulta lo menos destacable de una película sumamente bizarra que resume a la perfección el espíritu psicodélico de finales de los sesenta. Por tanto muchos colorines y movimientos de cámara, un convincente Telly Savalas en el rol del villano Bloefeld sin olvidar a una maravillosa Diana Rigg (recién salida de Los Vengadores) como la chica bond definitiva, aquella que consigue atar en corto al mismísimo James Bond (aún en horas bajas) y casarse con él, con resultados sorprendentemente trágicos en la exploración más convincente del trasfondo personal del personaje acometida en toda la saga.
|  | La espía que me amó (The spy who loved me. Lewis Gilbert, 1977)
|  | | La llegada de Roger Moore a la serie coincide con la década de los setenta, algo a tener en cuenta para comprender los derroteros que seguirán las películas protagonizadas por el actor inglés; de manera similar a Connery, Moore otorga al personaje unos rasgos claramente identificables, esto es, su prestancia en las situaciones más comprometidas, savoir faire, cierta blandura y un (cada vez más) evidente elemento autoparódico, que aparecen perfectamente detallados en su tercera encarnación como James Bond, un excelente film decididamente mainstream y con muchos guiños al cine fantástico de la época, donde un genio del mal que responde al estruendoso nombre de Stromberg (un convincente Curt Jurgens) decide invertir su fortuna en destruir el mundo y crear una nueva civilización bajo las aguas (la imagen de Atlantis emergiendo del Mar Mediterráneo es una de las más celebradas de toda la serie Bond). Ni que decir tiene que 007 hará todo lo posible para evitarlo, ayudado por la horma de su zapato Triple X (la bellísima Barbara Bach) a la vez que evita las dentelladas del célebre Tiburón (ese prodigio de la naturaleza que responde al nombre de Richard Kiel).
|  | 007 Alta Tensión (The living daylights. John Glen, 1987)
|  | El primero de los films protagonizado por el actor galés Timothy Dalton recupera el tono seco de los primeros tiempos, tras los excesos de la etapa Moore. Con el desmoronamiento del régimen comunista como telón de fondo de una trama donde tienen cabida tanto las deslealtades personales como el tráfico de armas, el James Bond al que Dalton aporta su impronta shakesperiana se nos muestra como un tipo introvertido, poco amante de los excesos y con un punto romántico, un verdadero profesional, en definitiva, a las ordenes de su graciosa majestad. Película entretenida donde las haya, su metraje se reparte entre trepidantes secuencias de acción (la excelente persecución en la frontera austriaca) y localizaciones en tres continentes, todo ello acompañado de la mejor partitura de John Barry en su última participación en la serie.
|  | El mundo nunca es suficiente (The World is not enough. Michael Apted, 1999)
|  | | Tras el (incomprensible) fracaso de los títulos protagonizados por Timothy Dalton, el actor irlandés Pierce Brosnan recupera el testigo a lo largo de los noventa, convirtiendo al personaje en un metrosexual elegante y sofisticado, dotado de un envidiable sentido del humor, irresistible para las mujeres a la par que envidiado por los hombres; acorde con los tiempos que corren, sus filmes tienen bastante de lujoso catálogo de relojes, deportivos y complementos varios, algo a lo que no es en absoluto ajeno este título, que destaca por su impresionante secuencia de apertura (rodada en Bilbao y Londres) y su más que mórbida pareja de villanos (un esquinado Robert Carlyle y una subyugadora Sophie Marceau) que consiguen poner en verdaderos apuros a nuestro hombre, hasta el punto de estar a punto de morir en más ocasiones de las deseables.
|  | Casino Royale (íd. Martin Campbell, 2006)
|  | | El último título de la saga estrenado hasta la fecha supone un cierto retorno a los orígenes, visible en la recuperación de un relato original de Ian Fleming (el creador del personaje) y la magistral interpretación del actor británico Daniel Craig, convirtiendo al exquisito Bond de Brosnan en un matón sádico e impulsivo, que disfruta matando a sus enemigos y vive cada día como si fuera el último. Este espíritu renovador preside todo el film, que con sus frenéticas secuencias non stop (atención a la persecución en Magadascar) en alternancia con los largos bloques dialogados (la partida de cartas en el Casino de Le Chiffre) se convierte por méritos propios en una de las mejores películas de acción de los últimos años, aparte de en un agradecible soplo de aire fresco en una serie que, a pesar de sus excelentes resultados en taquilla, estaba comenzando presentar claros síntomas de agotamiento.
|  | | Por si a alguien le quedaba alguna duda, hace meses que se habla de Bond 22, de nuevo protagonizada por Craig y de estreno previsto para Noviembre del 2008. Y hablando de dudas, ¿será esta la última aventura del más longevo de los agentes secretos? Se admiten apuestas, pero sinceramente lo dudo mucho; en el caso de 007 y sin que sirva de precedente, sólo se vive n veces… y no seré yo el que se arriesgue a despejar esa incógnita. |
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Núm.
48 |
Mayo 2007 |
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Versión imprimible |
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| Créditos |
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| Publicación
coordinada por: Ángel Paredes, Frank Guerra y Manuel
J. Sueiro. |
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| En este número
participaron:
Ángel Paredes, Cheve, Miguel Ángel Talha, NOSOLOROL Ediciones, Javier Santos, Light Artisan, Carlos Lozano, Miguel de Rojas Giménez, Crúoras, Jorge Alonso, Wandrell, Ricard Ibáñez, Alex Werden, David Soto Brown, MaGnUs, Victor Manuel Torre Iglesias, Pedro J. Ramos, David Llorente, Carlos Lozano Martín, J.L.López Morales.. |
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| Sitio web diseñado
y programado por:
Manuel J. Sueiro. |
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