Los que Miran Al Abismo - Ese espejo que casi no usas

En: Nuestros juegos

Mario Fernández, autor de Los que Miran al Abismo, te cuenta más sobre el suplemento de Cultos Innombrables

No todos los cultistas quieren destruir el mundo… algunos solo cruzaron una línea. Mario Fernández, autor de Los que Miran al Abismo, te cuenta un poco más sobre este suplemento, Cultos Innombrables y qué pasa cuando el villano eres tú

No tengo ningún estudio con porcentajes y cifras a mano, pero seguro que ni tú ni yo lo necesitamos para estar de  acuerdo en que el mundo está lleno de hijos de puta, gente realmente chunga rodeándonos.

Pues bien, cuando salió al mercado el juego de rol “Cultos Innombrables” (hace ya la friolera de 11 años), muchos abrazamos el concepto de que en él íbamos a jugar “con los malos”. Tras muchos años interpretando investigadores que combatían el mal en juegos como “La Llamada de Cthulhu”, empezamos a rellenar nuestras hojas de personaje con villanos como los que antes combatíamos en “Las máscaras de Nyarlathotep” o “Mentiras Eternas”. 

Pero este tipo de personajes que son maldad pura y dura o que tienen un pensamiento tan alienígena como “destruir la Tierra me dará una relevancia cósmica” no funcionan bien como personajes jugadores. Mi grupo y yo lo probamos y nos salieron algunas aventuras bastante bizarras y divertidas, pero siempre teníamos cierta desconexión con estos personajes, era muy difícil empatizar con ellos.

¿Por qué? ¿No habíamos quedado en que el mundo está lleno de hijos de puta? ¿Por qué nos es tan difícil entender  algo que resulta tan común? 

La respuesta rápida y fácil es que los adversarios de todas esas campañas clásicas que intentábamos interpretar ahora en “Cultos Innombrables” eran villanos de opereta, no personajes asentados en el mundo real, que era lo que buscaba para “Los que miran al abismo”, mi campaña que transcurre durante un arco de casi 50 años en el Madrid de “Cultos Innombrables”. 

Vamos a aterrizarlo un poco más.

En “Joker”, la película de Todd Philips, tenemos un villano con el que empatizamos porque nos hemos pasado media película entendiendo su enfermedad mental, su relación familiar disfuncional, las humillaciones a las que es sometido en el trabajo, en la calle… Es inevitable con todo esto ponerse de su lado, empatizar con él. Pero no empatizamos porque sea un villano, sino porque es una víctima.

Lo del villano, lo de todos esos hijos de puta que estamos de acuerdo en que llenan el mundo, es mucho más sencillo, no necesita de tanto background. 

Y es el momento de hacerte una advertencia.

A partir de ahora es cuando vienen las curvas y cuando puede que te sientas señalado. Así que aprieta fuerte los puñitos, y sigue por tu cuenta y riesgo. Porque una de las características que tienen la mayoría de hijos de puta, es que no son conscientes de serlo. De hecho, suelen estar convencidos de ser gente de puta madre.

 No hablo solo de pequeñas miserias como tratar con displicencia al camarero que te está sirviendo la mesa o no ayudar con la bolsa de la compra a la abuelita del tercero derecha. 

Piensa en ese tipo que se congratula cuando le pegan un tiro a otro ser humano. Ni de coña se ve a sí mismo como alguien digno de desprecio. De hecho, está convencido de ser alguien cojonudo por señalar el cadáver (todavía caliente) de alguien que se encuentra al otro lado de una mierda de línea roja que ha dibujado en su mente (o peor aún, que otros han dibujado por él).

El concejal de urbanismo que, a cambio de una “mordida” se folla durante generaciones el litoral que debería proteger, no se ve a sí mismo como un ladrón miserable. Se justifica diciéndose que es un gran tipo que crea vivienda, puestos de trabajo y al que todo el mundo quiere estrechar la mano con una sonrisa.

 Para ser un villano, uno de verdad, uno de esos hijos de puta que te rodean a cientos, uno realmente asentado en nuestro mundo, solo necesitas una de estas tres cosas: 

- Algo que ansiar fuera de tu alcance.

- Algo que amar y que temas perder.

- Una línea roja trazada en el suelo.

“Los que miran al abismo” está lleno de estos personajes. Gente capaz de llevar el universo al límite por amor. Por conseguir aquello que necesitan. Por proteger a los suyos de lo que está al otro lado de una línea dibujada en la arena de la playa. 

Algo muy fácil de entender.

Tanto, que solo tienes que mirarte al espejo cuando interpretes a estos personajes.

¿Qué estarías dispuesto a hacer por los que amas? ¿Y por lo que deseas? ¿Dónde has trazado tus líneas rojas?

En serio, piénsalo. 

Mírate en ese espejo que casi no usas.

En serio, hazlo.

Mírate.

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Mario Fernández nace en los años 70 en el Madrid Innombrable.

De día trabaja en el sector audiovisual y por las noches escribe juegos de rol y reflexiones en Rol de Medianoche. Ha escrito con Nosolorol “Matrioska”, “Panicovisión” y próximamente “Los que miran al abismo” para “Cultos Innombrables”.