Naciones de Théah: Montaigne

Montaigne reluce como un zafiro brillante desde su posición en la costa occidental de Théah. Es el centro de la cultura y la moda, así como el hogar de la mayoría de los artistas más famosos y la arquitectura más fantástica conocida por el ser humano.

Hasta hace poco, Montaigne y Castilla estaban sumidas en una implacable guerra fronteriza. Las batallas se cobraron un precio alto a los campesinos de Montaigne, pero los destrozos de la guerra se sumaron a los cofres de los ricos.

El país en sí es una tierra de cultivo rica y llana, donde acres de color verde se extienden todo lo lejos que el ojo puede ver. En Montaigne no se desperdicia la tierra; si no se usa para hacer un jardín agradable o un edificio, se usa para la agricultura. Las pequeñas granjas son comunes, ya que sus muchos ríos ofrecen regadío natural. Montaigne está compuesta por vastas ciudades, pueblos grandes y granjas pequeñas. Un hombre podría andar durante días y no ver más que chozas de granjeros.

Pero cuando llega a una ciudad, se encontrará con un lugar en crecimiento constante lleno de grandes casonas y una riqueza vertiginosa, unos oasis metropolitanos casi completamente separados de las tierras que los rodean. Mientras los campesinos de Montaigne se esfuerzan a diario para complacer a sus terratenientes y alimentarse, las clases altas de las ciudades no conocen la palabra «moderación».

Corte 7º Mar Nosolorol

Todas las políticas gubernamentales y sociales giran alrededor de Léon Alexandre, l'Empereur de Montaigne. El Rey Sol, como lo han llamado muchos poetas de Montaigne, es el centro de toda actividad. Hileras de nobles orbitan a su alrededor, entre los que destacan los duques que controlan las diferentes provincias de Montaigne. El rey dividió el país en pequeñas secciones de tierra, cada una mantenida por un único duque, que a su vez puede tener cualquier número de marqueses que atienden los verdaderos asuntos del día a día de las tierras. Cada duque envía informes regulares a Léon sobre el estado de sus tierras. Invariablemente, estos informes le aseguran que todo va perfectamente bien. Si ocurre cualquier contratiempo en el gran plan, se espera que se haya solucionado mucho antes de que alcance a l'Empereur.

Los campesinos de Montaigne son gente sencilla. Tienen una educación mínima, producen grandes familias y viven sus respetables vidas tranquilamente. Hasta hace poco, los jóvenes mayores de 15 años eran reclutados a la fuerza por el ejército de Montaigne y enviados a luchar en la frontera contra Castilla, de la que muchos han vuelto lisiados o no han vuelto. Con una generación perdida por la guerra, la mayoría de las granjas deben apoyarse sobre las hijas y las esposas, la mayoría de ellas viudas.

Antes, la costumbre de Montaigne era celebrar todas las bodas en primavera, pero la guerra con Castilla dio lugar a una nueva tradición. En invierno, cuando la lucha estaba en sus niveles mínimos, se les concedía permiso a muchos jóvenes para marcharse, casarse rápidamente con sus antiguos amores y además se les animaba a procrear lo más rápido posible. Después de todo, Montaigne siempre ha necesitado más soldados que granjeros.

En cambio, la costumbre entre la mayoría de los nobles es no tener más de dos o tres hijos. Sus razones son tan prácticas como las de sus vecinos de baja cuna. En Montaigne, el hijo mayor hereda la tierra, las propiedades y la riqueza. Aunque es prudente tener más de un heredero (después de todo, es imposible predecir los giros del destino), tener más de tres es simplemente una mala costumbre. Esto no se aplica a l'Empereur y a sus nueve hijas, por supuesto.

Mientras que los campesinos de Montaigne son hospitalarios y directos, sus nobles han convertido la inferencia en un arte. En las cortes de Montaigne, nadie dice nunca exactamente lo que quiere decir. En cambio, caen en una abundancia de metáforas y convenciones, usando muchas veces citas inteligentes en lugar de sus propias palabras.

Este tipo de conversación puede marear a un extranjero y muchos diplomáticos de otras naciones cumplen con sus trabajos protestando, a pesar de la buena comida y las comodidades de la corte montaignesa. La presión de ser enrevesadamente inofensivo es abrumadora.

Los montaigneses prefieren convertir lo incómodo en un juego verbal. El colmo de la grosería es obligar a alguien a dar una respuesta directa, especialmente cuando se tratan asuntos controvertidos. Su charloteo suele volverse absurdo mientras le quitan peso a un tema serio, todo para que nadie tenga que referirlo directamente. Es por ello que se tiene en gran estima a los que son lo suficientemente agudos como para destacar en estos delicados juegos.

Otro de los juegos favoritos entre los montaigneses es la intriga, junto con su primo el escándalo. Si no ha pasado nada interesante en toda la temporada, seguramente alguien se lo invente, costumbre que los invitados de otras naciones han observado como una malicia juguetona. Su conversación rápida y su experiencia en las respuestas evasivas convierten a los montaigneses en espías ideales. Incluso si alguien sospecha de su lenguaje ambiguo, se tacha de una costumbre montaignesa. Aun es más, dado que el país del Rey Sol establece los estándares de vestimenta, costumbres y arte, los cortesanos de Montaigne son bienvenidos en casi todas partes, lo que les permite acceder fácilmente a otras cortes y a información confidencial.

Desde que el ejército montaignés expulsó a la Iglesia vaticana de su país, la nobleza montaignesa se ha regodeado en su recién adquirida libertad. En cambio, los campesinos viven con el miedo de estar en un país sin dios.

La nobleza de Montaigne es decadente hasta el extremo. Tienen tanto dinero que no saben qué hacer con él, por lo que construyen casonas extravagantes, pagan a artistas hambrientos para que les pinten retratos de 5 metros de altura y financian a arqueólogos para que encuentren artefactos syrneth que puedan llevar a la fiesta de la semana que viene.

Los nobles no tienen nada mejor que hacer con su tiempo que verse los unos a los otros haciendo travesuras.
Todo el país ha sido excomulgado de la Iglesia, y aunque eso no puede parecer un gran problema para la nobleza, ha destrozado a los hambrientos campesinos de Montaigne. Puede que estén dispuestos a matar por ello.

19/09/2018 Nosolorol Ediciones https://www.nosolorol.com/img/nosolorol-ediciones-logo-14727449041.jpg https://www.nosolorol.com/
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