La Mantícora en Labyrinth Lord

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Rostro humano, alas de murcielago, cuerpo de leon y una cola con 24 puas que dispara en pleno vuelo: asi es la Manticora del bestiario de Labyrinth Lord.

Un rugido entre las rocas, un batir de alas correosas y, cuando por fin la ves, un rostro casi humano coronando el cuerpo de un león. La Mantícora es uno de esos monstruos que llevan poblando los laberintos desde el principio de la afición, y en el Bestiario de Labyrinth Lord conserva intacta toda su capacidad de arruinarles la tarde a tus aventureros. Si buscas un adversario que combine terror, movilidad y una sorpresa desagradable, tienes aquí a una vieja conocida lista para saltar sobre tu mesa.

Anatomía de una pesadilla alada

A este repugnante monstruo le encanta la carne humana, y esa hambre guía todo su comportamiento. Tiene rostro humano (esa es su única semejanza con nosotros), alas gigantes de murciélago, cuerpo de león y una larga cola de reptil rematada por veinticuatro púas. Suele habitar en las montañas, pero se sabe que a veces se adentra en los laberintos en busca de presas, lo que la convierte en un encuentro perfectamente creíble tanto en una expedición a campo abierto como en las profundidades de una mazmorra. Es un depredador con muy malas intenciones y peor genio.

Dos formas de matarte

La Mantícora es peligrosa porque ataca de dos maneras distintas. En cuerpo a cuerpo descarga dos zarpazos y una dentellada, un aluvión de heridas que castiga a quien se le acerca. Pero su verdadera marca de la casa es la cola: incluso mientras vuela, puede disparar seis púas por asalto con un alcance de cincuenta y cuatro metros, cada una causando su propio daño. Esas púas vuelven a crecer a razón de dos por día, así que nunca se le acaban del todo. Para tu grupo, eso significa que no basta con esconderse: mientras la bestia tenga cielo sobre la cabeza, seguirá lloviendo acero envenenado de fastidio.

Cómo la enfrentará tu mesa

Con seis dados de golpe y alineamiento caótico, la Mantícora es un rival serio pero abordable para un grupo que ya haya sobrevivido a sus primeras mazmorras. La clave táctica está en su movilidad: vuela más rápido de lo que corren tus personajes, así que pretender huir a campo abierto suele ser un error. Tus jugadores tendrán que pensar como aventureros de la vieja escuela: buscar cobertura para cortarle la línea de tiro de las púas, obligarla a bajar a un espacio cerrado donde no pueda maniobrar, o preparar una emboscada antes de que los detecte. Un buen Amo del Laberinto deja caer pistas (huesos roídos, un rastro de púas clavadas en un árbol) para que el grupo sepa lo que le espera y decida cómo plantarle cara.

Un clásico que rinde en cualquier campaña

Lo bueno de una criatura tan reconocible es que no necesita presentación: en cuanto tus jugadores oyen la palabra Mantícora, ya saben que la cosa va en serio. Puedes usarla como guardiana de un paso de montaña, como terror que asola una aldea o como sorpresa en el fondo de un laberinto donde nadie esperaba encontrar algo con alas. El Bestiario la sirve con todas sus características listas para jugar, junto a decenas de monstruos más con los que poblar tus aventuras. Los tienes todos en Labyrinth Lord para llenar tus mazmorras de peligros de la vieja escuela.

Así que la próxima vez que tu grupo se confíe en un valle tranquilo, deja que una sombra alada cruce el sol. Pocas siluetas prometen tanta acción como la de esta bestia de rostro humano y cola llena de púas.

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