La Sociedad de San Leopoldo en Cazador: La Venganza
Ocho siglos de edicto papal, cenáculos secretos y un gas que deseca vampiros: así es la Sociedad de San Leopoldo en Cazador: La Venganza y así la usas.
Hay una puerta de iglesia que tu célula acabará cruzando tarde o temprano. Detrás no espera un vampiro: esperan dos personas con traje discreto, un rosario en una mano y una espada en la otra, y la certeza absoluta de que llevan ochocientos años teniendo razón. En Cazador: La Venganza, la Sociedad de San Leopoldo es el arquetipo de lo que el juego llama Organización, y una de las presencias más incómodas que puedes cruzarte cuando cazas por tu cuenta.
La Sociedad de San Leopoldo en Cazador: La Venganza
Cuando alguien piensa en un cazador de brujas (en Torquemada, en Savonarola, en «la Inquisición» tal y como la recuerdan hasta los propios vampiros), está pensando en ellos. El libro data su origen en el siglo XIII, en el edicto de caza de vampiros impulsado por Leopold de Murnau con la autoridad concedida por el papa Gregorio IX. Siglos de historia popular han hecho el resto: el Malleus Maleficarum, la inquisición española y la persecución de todo lo que desafiara la supremacía de la Iglesia.
Ocho siglos de un mismo edicto
En estas noches el énfasis sigue puesto en los no-muertos, con incursiones ocasionales en su vieja jurisdicción de herejes, hechiceros y brujos. Pero la Sociedad se mete, voluntaria y autoritariamente, en cualquier manifestación de lo sobrenatural que llame su atención. Aunque no despliegue todos sus recursos, el caso acabará en los anales de su admiradísima cámara acorazada: siglos de evidencias custodiadas en un lugar que puede estar bajo el propio Vaticano, o en Viena, o en Ginebra. Nadie de fuera lo sabe con certeza, y ese es exactamente el punto.
Cenáculos, antorchas y una jerarquía opaca
La estructura es compleja, centralizada y deliberadamente turbia. Los grupos de inquisidores se llaman cenáculos y existen allí donde exista la Iglesia católica, con o sin conocimiento de la comunidad. Alrededor hay sacerdotes de diócesis, investigadores, clérigos archiveros y exorcistas capaces tanto de resolver un caso como de desmentirlo. Y por encima de todo eso, la Sociedad ocupa un asiento entre las Cinco Antorchas, la Coalición que reúne a las grandes agencias multinacionales dedicadas a los vampiros. Eso significa que, cuando molestas a un leopoldino, no molestas solo a un cura con una cruz.
Gladius Dei y el velo sagrado
El propósito no ha cambiado desde el siglo XIII; el arsenal sí. El ESOG (el Grupo de Operaciones Especiales de la Entidad, también llamado Gladius Dei) es literalmente una unidad de fuerzas especiales, desplegable en la misma clase de situaciones en las que actuaría un equipo de asalto federal. La Sociedad tampoco tiene reparos en usar lo sobrenatural contra lo sobrenatural: mantiene teúrgos que esgrimen reliquias o manifestaciones de fe personal, capaces de mirar de tú a tú a ciertas presas. Y para los agentes sin ese don ha desarrollado juguetes como el velum sanctuarii, el «gas rojo», que deseca a los vampiros atrapados en la nube y deja indemnes a los humanos: se lanza como si fuera gas lacrimógeno y sirve para peinar guaridas enteras. Tienes el libro completo, con sus Organizaciones y sus antagonistas listos para usar, en la ficha de Cazador: La Venganza, en papel o en digital.
Un dogma que no negocia, unos agentes que sí
Aquí está la grieta que te interesa como jugador o como Narrador. La Organización es intratable: perspectiva inflexible, metodología inflexible, dogma inflexible, cero voluntad de compromiso. Sus agentes, en cambio, son personas con carrera. Un capitán astuto del ESOG o un exorcista sagaz sabe cuándo cerrar un trato que le hará ascender, y sabe también que ese pragmatismo puede costarle ser señalado como corrupto o esclavo del Adversario. Por eso cubren sus huellas. Y por eso, a veces, prefieren que sean unos seglares autodenominados Cazadores quienes corran el riesgo.
Cómo llevarla a tu mesa
El propio capítulo te da los ganchos. En «El sacerdote que volvió al redil», un inquisidor contacta con tu célula porque quiere abandonar la Sociedad sin dejar de luchar: ¿qué fue la gota que colmó el vaso, y qué represalia llegará después? En «Terror sagrado», un enlace leopoldino os avisa de que vuestra presa es también su objetivo, y de que resiste inexplicablemente su arsenal de fe… porque esa presa perteneció a la Sociedad y se sabe de memoria sus manuales. Si demostráis ser menos predecibles que los inquisidores, ellos intentarán quedarse con el mando de la operación.
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