El Visionador en Panicovisión
Un anfitrión enmascarado, una risotada maníaca y doce entregas de cine de terror: así se interpreta al Visionador, el maestro de ceremonias de Panicovisión.
Viernes por la noche, la televisión en color todavía es un lujo y tú te has reunido con tus amigos y algo de picar delante del aparato. La pantalla se llena de nieve, suena una sintonía y aparece él: una figura enmascarada que se ríe de ti y de los desdichados que protagonizan la película de esta semana. Ese es el Visionador, el anfitrión de Panicovisión, el suplemento de Fragmentos que convierte un programa de terror de madrugada en doce sesiones de juego. Y el papel lo interpretas tú, que diriges.
El Visionador, el maestro de ceremonias enmascarado de Panicovisión
En la ficción del libro, Panicovisión fue el programa de terror con conductor más longevo de la historia: se abrió hueco en las parrillas de medio mundo y marcó a una generación entera en los ochenta. Su presentador llegó a protagonizar su propia película, Descansa en pedazos, y su careta fue una de las más demandadas en Halloween. Varios actores se metieron en su piel; algunos son hoy estrellas de las convenciones de género y alguno, ya consagrado en el drama, reniega del papel que le dio de comer.
Un personaje con árbol genealógico
El Visionador desciende de una estirpe real. En 1954, Vampira, la actriz y modelo Maila Nurmi, empezó a presentar películas de terror de madrugada en una televisión local de Los Ángeles paseando entre candelabros y telarañas, con bromas macabras heredadas de los cómics de la EC. Detrás vinieron Zacherley, Elvira, Rod Serling, y en España Chicho Ibáñez Serrador con Mis terrores favoritos, Narciso Ibáñez Menta en Alucine y Joan Lluís Goas saludando a las criaturas de la noche. El libro es honesto sobre su modelo principal: de quien más bebe el Visionador es del Guardián de la Cripta.
Nadie sabe quién hay debajo
Aquí está el hallazgo: Panicovisión se niega a explicar a su propio anfitrión. ¿Es un horror de la naturaleza escondido tras una máscara? ¿Un sádico que se regodea en el sufrimiento ajeno? ¿Un millonario que da rienda suelta a sus bajos instintos a través de un alter ego? ¿Un demonio que se pasea entre los mortales con forma humana? ¿O un espíritu anclado a la careta que posee a quien se atreva a ponérsela? El libro ofrece las cinco respuestas y no elige ninguna: la escoges tú. Lo único innegociable es que tenga tics reconocibles y que sea un poco exagerado.
La risotada, la voz y el cuerpo
El consejo que abre el capítulo es el más importante: no leas el texto. Las presentaciones duran uno o dos minutos y se memorizan sin esfuerzo; si improvisas bien, quédate con las ideas y ponles tu propio veneno. Después viene el rasgo que define al personaje: la risotada maníaca. Quítate la vergüenza y suéltala, porque bajito no funciona; y si no puedes gritar en casa, cámbiala por el carcajeo enfermizo de Dwight Frye haciendo de Renfield en el Drácula de 1931. Añade un acento centroeuropeo a lo Béla Lugosi o uno alemán de doctor loco, una voz de anciano o un gruñido grave y áspero. Y elige un cuerpo: encorvado como un jorobado, altivo como un noble transilvano, brusco como un reptil o pausado y ligeramente extraterrestre, como el Nosferatu de Max Schreck.
Máscara, atrezo y sintonía
La máscara es imprescindible, y conviene que deje la boca al aire para que tu interpretación se vea: una careta neutra de bazar, recortada por abajo y pintada a tu gusto, hace el trabajo. Con el atrezo hay un aviso muy sensato: si el Visionador saca un cuchillo delante de tus amigos de siempre, coge uno de la cocina; si juegas con gente nueva, lleva cubiertos de plástico. Un abrigo o una tela negra a modo de capa rematan el disfraz. Y arranca siempre con la misma música: el autor recomienda el tema final de Creepshow, entrando cuando sube la escala de piano.
Doce entregas, doce presentaciones
El libro está montado como la temporada de un show televisivo: doce entregas, cada una con su resumen, su contenido exclusivo (reglas nuevas para Fragmentos, consejos de ambientación, escenarios, referencias de cine), la presentación del Visionador y, de plato fuerte, la película. Cada una lleva su año de rodaje para que le des el sabor del cine de su época, y algunas vienen en sesión doble por si te apetece una maratón. Al final tienes el tráiler de la siguiente, para despedir la noche igual que lo haría él. Panicovisión te da los guiones, los monstruos y la parrilla; tú solo tienes que ponerte la careta.
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